A Portrait of Mrs. Doe
Noviembre, 2024
50 pp
155 x 220 mm
«Un día, un grupo de arqueólogas descubrió un depósito de artefactos del siglo XXI de la datación común. Era algo extraordinario, pues los registros materiales sapiens habían desaparecido en su práctica totalidad. Entre ellos, encontraron una colección de retratos femeninos sobre papel que captó intensamente su atención. El hecho de que todos fueran rostros femeninos les intrigó profundamente. La luz tenue de sus lámparas bioluminiscentes caía sobre las imágenes creando un ambiente misterioso y místico, muy pictórico. La escena requería parar, mirar con atención. Las mujeres retratadas parecían participar en un cuadro común.
Las arqueólogas presentes pusieron todas sus redes neuronales en comunicación inmediatamente. Se preguntaban cómo habría sido posible que ese soporte tan débil, el papel, resistiera el envite del desastre planetario: «Podríamos estar ante un caso de preservación accidental, tal vez el lugar donde se encontraban estos retratos fue rápidamente cubierto por sedimentos durante la catástrofe, aislándolos de los elementos destructivos», pensaban telepáticamente. Pero enseguida surgió entre ellas otro factor a considerar: el valor que los Homo sapiens daban al arte. «Es posible que, en los momentos finales antes de la catástrofe, alguien hiciera un esfuerzo consciente por preservar estas obras, reconociendo su importancia cultural», reconoció Eco, responsable del equipo. Incluso se plantearon si fue el propio artista quien intentó preservar su legado. «Quizás, presintiendo el desastre inminente, algún artista o amante del arte tomó medidas para proteger las obras. Es una teoría romántica, que nos recuerda que, incluso frente a la adversidad, los Homo sapiens valoraban su expresión artística y buscaban trascender las cosas de la vida a través de ella. El arte era su mejor legado y ellos lo sabían. Para los sapiens era muy complejo asumir que los individuos fueran unos seres continuamente cambiantes, por eso tenían una ilusión de identidad muy marcada y una verdadera necesidad de hacer todo tipo de retratos», reflexionaron conjuntamente, dando así lugar a una conversación telepática entre las miembros del grupo.
Eco observaba atentamente los retratos mientras sus compañeras proyectaban sus pensamientos en un espacio mental común, creando un tapiz de conceptos entrelazados.
—Estos retratos son fascinantes —comenzó—. Hay algo peculiar en cinco de ellos, ¿lo notan?
Terpsícore, la especialista en análisis visual, se acercó.
—Sí, estos cinco son diferentes. Parecen sombras sin rostro, pero las formas del cabello sugieren que son mujeres sapiens. Hay una consistencia en el estilo que indica que son de la misma mano. ¿Alguien puede identificar al autor?
Lira, la experta en historia del arte, cerró los ojos y accedió a la base de datos colectiva de su especie.
—El autor de estos retratos es Fernando Martín Godoy. Su estilo es inconfundible, incluso después de tantos milenios. Además, hay unas notas en las que se habla de su serie Casting formada por un grupo de imágenes sacadas a partir de personajes muy famosos del momento que, al difuminar sus caras, quedan tan anónimos como aquellos de los que vemos sus rostros, pero no tenemos referencias que los identifiquen.
Los ojos de Eco recorrían los contornos difuminados de lo que alguna vez fueron rostros nítidos y reconocibles...»
Isabel Durán Puertas